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Los síntomas se presentan y hay que aprender a convivir.

Tengo 24 años, y trabajo haciendo diseño gráfico, diseño web y fotografía.

Esta dolencia, lamentablemente la sufro desde que tengo uso de razón, pero siempre pude manejarla o evitarla, obviamente desde un lado cuasi inconsciente, ya que no estaba al tanto de qué es lo que me pasaba en realidad.

La sufro con todas las letras, desde hace aproximadamente 2 años, o quizás un poco más. Aproximadamente hace un año y medio, que la dolencia tomó un papel importante en mi vida, donde ésta hizo un punto de inflexión.

El momento en que más se hizo presente la dolencia, y supo materializarse en cosas absolutamente limitantes como los pánicos o la agorafobia, fue cuando empecé a investigar vía Internet, y por comentarios de gente cercana, hasta que llegué a una página www.psicogastro.com.ar que explica todo lo que concierne a este tema, y es tan precisa, que la primera impresión es que lo están describiendo a uno.

¿Qué lo provoca? Uno mismo. Si es parte de la esencia de uno ser ansioso, acelerado, perfeccionista y auto exigente, seguramente cualquier cosa que uno haga, puede transformarse en un detonante para los síntomas.

Yendo un poquito más a lo específico, pero nunca dejando de lado las cosas de raíz que anteriormente mencioné, el principal factor, es el estrés. Estrés que puede ser generado por la sociedad, familia, trabajo, amistades, relaciones, situación económica, etc., pero principalmente, generado por uno mismo; y acá es donde volvemos a la ansiedad, el auto exigencia, el perfeccionismo, etc.

Cualquier cosa, o situación, que uno encare desde un punto de vista estresantemente exigente, puede degenerar en uno los síntomas. Sea desde salir a caminar 2 cuadras, o rendir el último final de una carrera. Hay cosas que merecen más el hecho de que uno se ponga nervioso o se exija, pero a lo que voy es que todo se reduce básicamente, a como uno se toma las cosas. En períodos de estabilidad, quizás los síntomas se presentan en situaciones límite (para los nervios), como ser un examen importante, o una entrevista para un trabajo que uno considera importante. En el momento en que uno toca fondo, y no consigue tener una estabilidad física lo suficientemente cómoda, cualquier actividad o pensamiento, puede llegar a disparar síntomas.

Cuando esta dolencia toma un papel predominante en la vida de uno, la primera cosa que se ve limitada, es la razón. Si uno no logra sentirse bien en ningún lugar, y ninguna situación, no piensa claramente, y siempre se pregunta ¿por qué a mí? o ¿por qué ahora?. Obviamente, esto se ve mermado desde el momento en que uno decide buscar ayuda, y logra obtenerla gracias a profesionales absolutamente involucrados en el tratamiento de este tipo de disfunciones; y también, a medida que uno se va interiorizando más sobre el tema, y va aprendiendo más y más herramientas para combatirlo o, al menos, soportarlo.

Nuevamente, pasando de lo general a lo específico; una dolencia como ésta, cuando logra su mayor magnitud, es capaz de limitarle completamente la vida a uno. Uno llega a acostumbrarse a sentirse mal, o estar incómodo. Esa es la peor limitación. Esté donde esté, vaya donde vaya, uno tiene algo que lo está¡ molestando, y no lo está¡ dejando ser pleno.

A raíz de esto, y a medida que uno va mejorando o saliendo del pozo si así se lo quiere llamar, y dejando de lado la agorafobia, las limitantes son varias. Creo que el hecho de no poder vivir plenamente, lo resume bastante bien; pero uno se ve limitado en salidas sociales, su trabajo, su estudio, básicamente todo, ya que si uno se siente muy mal, es complicado hacer cualquiera de estas cosas, si es que logra hacerlas. Por supuesto que estoy hablando de cuando peor se está¡. A medida que uno mejora y va obteniendo herramientas y va recobrando confianza en su organismo, si bien la dolencia puede seguir limitándonos, lo va haciendo cada vez en menor medida, hasta que uno logra hacer todo lo que quiere debe hacer, ya sea con ciertas molestias (que, irónicamente, tanto no molestan, ya que por lo menos uno puede tener la libertad de hacer lo que quiere), o 100% libre de síntomas. Personalmente, no estoy 100% libre de síntomas, pero sí estoy pudiendo hacer mi vida de la manera más normal que puedo, y apuntando a ese bienestar tan codiciado.

Básicamente lo que lo limita a uno, de más grave a menos grave, sería principalmente, la movilidad, la posibilidad de salir de casa e ir a trabajar; luego, la comodidad necesaria para trabajar sin estar pensando en otra cosa (los síntomas); y finalmente y de manera más amplia, el hecho de poder progresar en lo que uno hace. Si bien éste último parece el punto más importante, lo menciono último ya que más allá de los síntomas, si uno realmente necesita trabajar, o ama lo que hace, le busca la vuelta para poder seguir haciéndolo, así sea desde su propio hogar.

¿Qué alivia los síntomas? Dos cosas básicas, y hasta podría decir, innatas; pero que en momentos en que la dolencia dice presente con mayúsculas, no parecen tan básicas. Primero: respirar bien, de manera tranquila. Segundo: desfocalizar. Es una de las primeras herramientas que uno aprende en el tratamiento (sin saber que es lo primero que uno siempre hizo a la hora de combatir algún síntoma), y , en momentos de crisis, es lo primero que uno intenta hacer para aliviar el dolor: pensar en otra cosa, y quizás, sin darnos cuenta, los dolores bajan su intensidad, y a veces, hasta desaparecen.

A medida que uno se informa más al respecto, o el tratamiento va avanzando, (o ambas), uno va ganando madurez, experiencia, y montones de herramientas. La madurez y la experiencia podrán parecer poco importantes en algo como esto, pero son dos factores que pueden brindar cierta serenidad a la hora de verse nublado por la dolencia, y es esa serenidad la que permite que uno no pierda la razón, piense lógicamente, y haga lo posible para aliviar los síntomas.

Para aliviar los síntomas, no de forma inmediata, sino de forma general y hasta preventiva, hay que atacar por todos los frentes. Tanto físicamente, como psicológicamente. Una buena dieta, es vital para alguien con esta dolencia; el ejercicio físico, también lo es; buen asesoramiento de gente entendida en el tema, es una de las cosas más importantes, ya que son estas personas las que lo van acomodando a uno en ese camino un tanto confuso de la búsqueda del bienestar.

Por empezar, no la considero una enfermedad. Es una disfunción. A mi humilde entender, las enfermedades pueden curarse con un remedio, o incluso, pueden ser terminales. El CI, no cumple con ninguna de esas dos cuestiones. El CI nace con uno, y muere con uno, no se cura, se aprende a dominar y a correr hacia a un costado.

En muchas situaciones, se oculta quizás este tema, porque todo lo referente al intestino tiene cierto tabú, y bueno, es entendible, no es el tema más agradable para discutir en una reunión por ejemplo. El tema es que hay tanta desinformación y tantos preconceptos mal formados, que a veces es preferible ocultarlo, a tener que explicar en profundidad de qué se trata el tema. Más que nada, depende mucho de la situación, y de la persona que uno tenga enfrente. Hay gente que cree que toda enfermedad o dolencia generada en su totalidad o en gran parte, gracias al estrés, es una estupidez del Siglo XXI. Nada más errado, pero uno tampoco puede andar por la vida enseñándole a todo el mundo de qué se trata esta dolencia, o dolencias parecidas relacionadas al stress.

Por el otro lado, hay mucha gente que conoce (o no) al respecto, o ha tenido amigos/conocidos/familiares con la misma dolencia, o algo parecido relacionado al stress y se muestran más comprensivos e incluso interesados.

Con la gente que no comprende este tipo de dolencia, o a la que uno se la oculta, no es que uno se sienta discriminado, al menos yo no, en lo absoluto; simplemente hay gente que entiende y comparte ciertas cosas, y hay gente que no. No podemos pretender que todos nos comprendan, sería bastante ilógico y utópico, y no me refiero a esta dolencia, sino en general.

Frente a la pregunta, ¿Se debe aprender a convivir con los síntomas? ¿Cómo se logra?

Gracias a Dios, y lamentablemente al mismo tiempo, sí, se aprende a convivir.

Como todos sabemos, el ser humano es un animal de costumbre. Si una persona que pierde un brazo, con el pasar del tiempo se acostumbra a hacer todo con un brazo solo, ¿por qué no habría de pasar lo mismo con algo tan distinto y menos grave?

Lo ideal sería no acostumbrarse, no aprender a convivir. Lo ideal sería luchar contra esto, vencerlo, y vivir libremente; pero si los síntomas se presentan (y lo hacen), hay que aprender a convivir con ellos.

Es un poco contradictorio el tema de la libertad. Si uno vive con síntomas, no es libre. Pero, si uno vive con síntomas, y sin embargo, aprende a convivir con ellos y llevar adelante una vida lo más normal posible, eso demuestra libertad, y con esa libertad es con la que los síntomas van desapareciendo. Es un círculo vicioso un tanto complicado.

¿Cómo se logra aprender a convivir? Con las herramientas que ya mencioné como la buena alimentación, el debido asesoramiento, el ejercicio físico, la fuerza de voluntad, la relajación, e infinidad de recursos que uno obtiene gracias al tratamiento, y gracias al día a día junto con la dolencia; pero básicamente, se aprende a convivir por costumbre. Cuando algo está absolutamente incorporado dentro de uno, y forma parte de una rutina, pierde cierta importancia, hasta que llega el punto en que uno ni se da cuenta de que está molesto, aunque lo esté. Y he ahí la gracia de esto, ese acostumbramiento, hace que uno no focalice tanto sobre la dolencia, e inconscientemente se relaje y no repare tanto en algún síntoma. Esto logra que de a poco, los síntomas sean cada vez más soportables, cada vez menos intensos, y cada vez más espaciados. Obviamente con esto de la costumbre, no le estoy restando importancia a ningún tratamiento ni herramienta, de hecho, gracias a los tratamientos y las herramientas que uno va adquiriendo, es que se puede lograr ese acostumbramiento.

Sé que escribí bastante, y no la quiero abrumar, pero tampoco me gustaría dejar de lado cosas importantes.

Hay cosas que quizás son interesantes decirlas, por si hay alguien que está sufriendo lo mismo, y no tiene idea de que se trata ni de cómo combatirlo. Las cosas más importantes que tuve yo en este período de reajustes, fueron mi familia, que siempre me comprendió, ayudó e hizo todo lo posible para que yo salga adelante; mis amistades, que día a día me sorprenden, y es en momento como estos en los que uno se da cuenta que esa frase en las buenas y en las malas no es sólo una frase; y finalmente (aunque no menos importante), el conjunto de profesionales que conocí y supieron (y saben) brindarme toda la ayuda y las herramientas necesarias para que uno pueda combatir esta dolencia, y lograr una vida más plena.

Juan.

 

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